La llegada. Hacia las ocho y media nos encontramos en la puerta de TV3. Unas 20 personas fuman en la calle temiendo que no podrán volver a hacerlo hasta bien entrada la noche. Una amable azafata nos da una “tarjeta de seguridad” que entregamos acto seguido al guardia de seguridad situado a medio metro de la amable azafata. Pasamos el arco sin quitarnos el reloj, ni las llaves, “porque esto no es un aeropuerto”, informa el guardia. Estamos dentro.
El cátering. Bocadillos, galletas, patatas fritas y una lata de bebida. Los estudiantes de periodismo somos como el resto de público: ¡hemos venido a cenar!.
La selección. La amable azafata reúne al grupo de 80 personas frente a un mostrador, después de habernos recogido un formulario en el que cedemos nuestros derechos de imagen a TV3. Adelanta lo que pasará a continuación –bajaremos, dejaremos las chaquetas en un colgador y apagaremos los móviles-, y llama a unas diez personas por su nombre y apellidos para situarlas en las primeras filas del plató. Son los que el programa ha seleccionado para llevar la voz cantante en el debate, un papel que a la vista de su reacción algunos no habían previsto. Aún así, ninguno se resiste.
* Una de las portavoces de Torroella nos mira extrañada. Salta a la vista que somos de un pueblo distinto que el resto de participantes (porque no conocemos a nadie, mientras que el resto han venido juntos en dos autobuses). No queremos aparecer del lado de los que defienden las centrales nuclares.
El plató. Bombillas de colores en el suelo, pantallas de televisión enormes por las paredes y gradas a los lados. Aunque parezca mentira no es una discoteca, ni sirven gintonics. Varios ayudantes del regidor no sitúan en nuestro sitio, previamente asignado en un plano. Estamos en la última fila, con un micrófono inalámbrico delante. El regidor se encarga de explicarnos que para pedir turno de palabra sólo hay que pulsar el botón: acto seguido se encenderá una luz verde y los conductores del programa sabrán que queremos hablar.
La spider cam. Sin comentarios, la Pompeu Fabra debería ahorrar para compara una de estas. www.spidercam.net
El directo. Los presentadores caminan hacia adelante y hacia atrás en el decorado. A ratos tienes la sensación de estar frente al escenario de un teatro más que en un programa de televisión. Vemos la emisión a través de pantallas situadas a nuestra izquierda. El efecto es muy distinto. Los moviemientos forzados de los conductores en el plató parecen naturales en la pantalla.
El debate. Diez minutos después de comenzar el programa los participantes en el debate se han olvidado de que están en la tele y discuten de forma bastante natural. La mayoría de ellos pasan las dos horas de emisión quejándose más o menos sutilmente de que no les llega el turno.
Los científicos. Acalorada discusión –bronca- de Toni Mestres –presentador del Qué qui com- a uno de los científicos contrarios a la energía nuclear durante el intermedio del programa. Por si las moscas, los dos mantienen la boca cerrada el resto del programa.